


Ellos no son herramientas ni parte de una actividad, son los verdaderos habitantes de este lugar.
Cada uno tiene su carácter, su historia y su forma única de relacionarse con el mundo.
Ellos han sido también mis maestros. Gracias a ellos he descubierto que la conexión con un animal puede ser profunda y transformadora. Me han guiado hacia nuevas formas de mirar, de movernos juntos, de entrenar y de relacionarnos desde la escucha.
En los encuentros y talleres compartimos el espacio con ellos desde el respeto, permitiendo que su presencia, su sensibilidad y su forma de habitar el momento nos enseñen algo.
Estos son los compañeros que hacen posible este lugar.
Beauty (2018) — la energía del juego
La más joven del grupo. Beauty hace honor a su nombre: belleza, energía y curiosidad. Con su espíritu juguetón es la más animada del grupo. Llegó a la finca con solo tres añitos, todavía una bebé, y aquí ha sido educada y entrenada desde el respeto, la paciencia y el amor.
Doménico (2007) — el artista del grupo
Sensible y expresivo, Doménico vive la vida con intensidad… especialmente cuando se trata de comida. Su barriguita lo delata. También disfruta jugando y chuleando un poco para mostrar todo lo que sabe hacer. Llegó en 2019 y desde entonces ha sido uno de los caballos más simpáticos y respetuosos con los demás. Es un auténtico experto en los ejercicios de trabajo pie a tierra.
Amador (2004) — la calma que guía
Nuestro compañero más amable y tranquilo, aunque también seguro de sí mismo. Amador transmite una calma especial que invita a confiar, y tiene esa presencia serena que parece poder guiarte por cualquier camino. Siempre le ha gustado trabajar y colaborar, pero poco a poco puede ir retirándose de la monta y participar en los encuentros y actividades a su propio ritmo. Cuando lo veas, te vas a enamorar, ¡es guapísimo!
Revoltoso (2002) — el corazón libre
El más mayor del grupo… aunque él parece no haberse enterado. Sigue siendo un espíritu inquieto, juguetón y algo revoltoso. Con las personas es profundamente cariñoso. Su pasado en el mundo de la tauromaquia dejó algunas dificultades en su relación con otros caballos, por lo que disfruta de su propio espacio, separado pero cerca de los demás. Es ya un pequeño abuelito, pero sigue teniendo muchas ganas de moverse, hacerse notar… y disfrutar de una buena rascada en el culo.
