La postura de tu caballo

Aprender a observar al caballo: el primer paso para mejorar su movimiento

Durante años hemos aprendido a mejorar a los caballos principalmente a través del entrenamiento: más ejercicios, más técnica, más trabajo.

Sin embargo, muchas veces los problemas no empiezan en el entrenamiento.

Empiezan mucho antes.

Empiezan cuando el cuerpo del caballo lleva tiempo adaptándose a tensiones, compensaciones o patrones de movimiento que pasan desapercibidos.

Para leer la postura del caballo, primero debemos observarlo en estático:

En este ejemplo he insertado marcas de zonas que nos llaman la atención y podemos empezar a notar cosas como:

Esta postura no es casual, es la forma en la que el cuerpo del caballo ha aprendido a organizarse – las famosas compensaciones.

Dorso hundido, ensillado

Esto es lo que salta a la vista enseguida. No hay que ser un gran experto para notarlo. Un dorso así indica que la columna vertebral ha cedido, los músculos que deben sostener el tórax no tienen una buena funcionalidad.

Aplomos

Los aplomos no son catastróficos; sin embargo, al observar la verticalidad de las cañas, se aprecia que no se cumple ni en los miembros anteriores ni en los posteriores. El posterior derecho se encuentra adelantado (el hueso cañón no forma 90° con el suelo), mientras que el posterior izquierdo parece estar ligeramente retrasado. El músculo semitendinoso se encuentra en tensión, asumiendo parte de la carga del tórax, función para la que no está diseñado. Corvejón y babilla presentan un ligero estiramiento, lo que provoca que el conjunto articular de cadera, babilla y corvejón se separe, alargando la pata posterior y generando el efecto de grupa elevada.

Región cuello-cruz

El cuello presenta una buena musculatura, tiene una inserción alta y la línea es bastante armónica. No obstante, hay una falta de continuidad en la línea superior y se observa una ligera atrofia del músculo esplenio visible por el hueco que hay delante de la escápula (triángulo).

Pecho

El pecho parece proyectarse hacia delante. En realidad, esto se debe al hundimiento del dorso, que corresponde a un descenso del tórax hacia abajo y hacia delante. Los músculos encargados de sostener el tórax se encuentran fatigados, por lo que la gravedad acentúa este desplazamiento. Como consecuencia, los músculos pectorales asumen parte de una función para la que no están diseñados, perdiendo eficacia en la amortiguación del cuerpo. Esto provoca que los trancos se vuelvan menos elásticos y, por tanto, menos confortables.

Codo

Si se pudieras palpar este caballo, se apreciaría que existe poco espacio entre el codo y la caja torácica. Los codos pegados al cuerpo contribuyen a sostener el tórax; sin embargo, esta adaptación limita la amplitud de movimiento.

Grupa caída

Aunque puede parecer una falta de musculación, en realidad corresponde a una ligera rotación en retroversión compensatoria al hundimiento del tórax.

Flancos y región lumbar

Como consecuencia del hundimiento, la región lumbar adopta una posición en ‘cuesta abajo’, ya que el tórax se desplaza hacia delante mientras la grupa permanece más elevada. Los caballos con esta conformación tienden a tensar la musculatura lumbar para estabilizar los impulsos procedentes de los posteriores.

En resumen, se trata de un caballo que presenta posturas compensatorias que indican la necesidad de adaptar el entrenamiento para corregirlas. Debido a la edad del animal, no es realista esperar que el dorso recupere una horizontal completa ni que la grupa y la cruz se alineen perfectamente. Sin embargo, sí es posible fortalecer la musculatura central (core), especialmente la encargada de elevar el tórax, con el objetivo de minimizar el desgaste y mejorar la longevidad deportiva y el bienestar animal.

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